La producción mexicana de trigo atravesó entre 2023 y 2025 una fuerte contracción y una profunda transformación geográfica. El volumen nacional pasó de 3.48 millones de toneladas en 2023 a 2.65 millones en 2024 y 1.72 millones en 2025, lo que representa una reducción acumulada de 50.6%. El cambio decisivo fue la disminución de la superficie cosechada, de 560.4 mil a 308.4 mil hectáreas, una pérdida cercana a 252 mil hectáreas. El rendimiento promedio también retrocedió, de 6.20 a 5.57 toneladas por hectárea, pero su disminución de 10.1% fue mucho menor que la observada en la superficie. El sector llegó así a 2025 con una escala productiva sustancialmente menor.
El segundo cambio estructural fue la pérdida de la extraordinaria concentración que existía alrededor de Sonora. En 2023 esta entidad aportaba 57.4% del trigo nacional y producía casi 2.0 millones de toneladas; en 2025 su volumen se redujo a 407 mil toneladas y su participación cayó a 23.7%. En paralelo, Guanajuato avanzó de 263 mil a 414 mil toneladas y se convirtió en el principal productor del país, con 24.1% del total. Esta redistribución no eliminó la concentración regional, pero sí la hizo menos dependiente de una sola entidad. A ello se sumó un entorno de menores precios: el precio medio nacional cayó de aproximadamente 8,010 pesos por tonelada en 2023 a 5,388 pesos en 2025. La combinación de menos volumen y menor precio redujo el valor de la producción de 27.84 mil millones a 9.26 mil millones de pesos, una contracción de 66.7%.
Evolución de la producción nacional
La trayectoria nacional muestra dos etapas de una misma tendencia descendente. Entre 2023 y 2024 la producción disminuyó 23.8%, al pasar de 3.48 a 2.65 millones de toneladas. En ese primer ajuste se combinaron dos fuerzas: la superficie cosechada bajó 16.5% y el rendimiento promedio retrocedió 8.8%. Entre 2024 y 2025 la caída fue todavía más intensa, de 35.1%, pero su naturaleza cambió: la superficie cosechada se redujo 34.1%, mientras el rendimiento apenas descendió 1.5%. El deterioro de 2025 estuvo, por tanto, mucho más asociado a la reducción de la escala productiva.
Después del descenso de 2024, el rendimiento se estabilizó cerca de 5.6 toneladas por hectárea, pero fue insuficiente frente a la salida de superficie. El resultado es un sector que en 2025 conserva núcleos de alta productividad, pero opera con una base territorial mucho menor. Recuperar volumen no depende exclusivamente de elevar rendimientos, sino también de recuperar superficie en regiones competitivas.
Distribución geográfica de la producción
El cambio geográfico más importante es el tránsito desde el dominio de Sonora hacia varios polos productivos. En 2023, Sonora por sí solo superaba la producción conjunta de los siguientes seis estados y concentraba 57.4% del total. En 2024 incluso elevó su participación a 59.8%, pese a que su volumen había descendido. El quiebre ocurrió en 2025: Sonora produjo 407 mil toneladas, 79.6% menos que en 2023, y cedió el liderazgo a Guanajuato, que alcanzó 414 mil toneladas.
Guanajuato es el gran ganador competitivo del periodo. Su producción aumentó 57.4%, su superficie cosechada pasó de 48.8 mil a 63.1 mil hectáreas y su rendimiento subió de 5.38 a 6.56 toneladas por hectárea. El crecimiento, por tanto, combinó expansión territorial con una mejora clara de productividad. Baja California se ubicó en tercer lugar en 2025 con 195.7 mil toneladas, seguida de Sinaloa con 192.4 mil y Michoacán con 153.5 mil. Jalisco y Chihuahua completaron el grupo principal con 102.8 mil y 98.4 mil toneladas, respectivamente.
La concentración sigue siendo alta, aunque de otra manera. En 2023 los cinco principales estados explicaban 88.7% de la producción y Sonora era el eje dominante. En 2025 los cinco primeros concentraron 79.3%, mientras los dos líderes, Guanajuato y Sonora, reunieron 47.8%. El mercado continúa dependiendo de pocos territorios, pero la concentración se distribuye entre varios centros. También avanzaron Oaxaca, Zacatecas, Durango, Querétaro y Baja California Sur, aunque desde escalas pequeñas.
Comportamiento de los ciclos agrícolas
El trigo mexicano mantiene una marcada dependencia del ciclo Otoño Invierno. En 2023 este ciclo generó 3.37 millones de toneladas, equivalentes a 97.0% de la producción nacional. En 2025 todavía aportó 1.63 millones de toneladas y 95.0% del total. Su peso disminuyó ligeramente, pero sigue siendo abrumador. El problema es que precisamente en este ciclo se concentró la mayor contracción: entre 2023 y 2025 su producción cayó 51.6% y la superficie cosechada disminuyó 47.5%.
Primavera Verano mostró un comportamiento relativamente más estable. Su producción pasó de 103.1 mil toneladas en 2023 a 107.2 mil en 2024 y 85.8 mil en 2025. La disminución acumulada fue de 16.8%, muy inferior a la del ciclo dominante. Además, su rendimiento pasó de 1.94 a 2.05 toneladas por hectárea, una mejora de 5.7%. Su participación en el total nacional aumentó de 3.0% a 5.0%, no porque haya experimentado una expansión importante, sino porque resistió mejor la contracción general. Esto abre una lectura estratégica: Primavera Verano sigue siendo un componente pequeño, pero su mayor estabilidad relativa puede convertirlo en un espacio útil de diversificación productiva.
Diferencias entre riego y temporal
La estructura productiva también está fuertemente concentrada en riego. En 2023 esta modalidad generó 96.2% del trigo nacional y en 2025 todavía explicó 94.2%. El rendimiento de riego fue de 6.84 toneladas por hectárea en 2023 y 6.33 en 2025, muy por encima del temporal, que pasó de 1.84 a 1.90 toneladas. En 2025, por cada hectárea cosechada, el riego produjo más de tres veces el volumen obtenido bajo temporal.
Sin embargo, la contracción del periodo se concentró con mayor fuerza en riego. Su producción cayó 51.6% y la superficie cosechada 47.6%. El temporal también perdió escala, pero en menor proporción: su producción disminuyó 24.2% y su superficie cosechada 26.8%. Por ello, la participación del temporal aumentó de 3.8% a 5.8%. El temporal no sustituyó al riego, pues la brecha de rendimiento sigue siendo amplia; solo mostró mayor resistencia relativa.
La combinación dominante en 2025 fue Otoño Invierno bajo riego, responsable de 94.0% de todo el trigo producido en México. Esto confirma que cualquier cambio significativo en el volumen nacional depende, ante todo, del comportamiento de ese núcleo productivo.
Superficie sembrada y superficie cosechada
La superficie sembrada disminuyó de 565 mil hectáreas en 2023 a 313.6 mil en 2025, una reducción de 44.5%. La superficie cosechada siguió una trayectoria paralela y cayó 45.0%. La menor cantidad de hectáreas explica buena parte de la pérdida de producción.
La relación entre superficie sembrada y cosechada también revela episodios relevantes. En 2023 se cosechó 99.2% de la superficie sembrada. En 2024 esa proporción descendió a 95.1%, con 24.4 mil hectáreas que no llegaron a cosecha. La mayor parte de esa diferencia se concentró en Michoacán, donde la superficie sembrada fue de 42.7 mil hectáreas, pero la cosechada quedó en 21.0 mil. En 2025 la relación nacional se recuperó a 98.3%, aunque Tamaulipas presentó una brecha destacada: de 7.34 mil hectáreas sembradas únicamente se cosecharon 2.57 mil. En síntesis, 2024 combinó menor superficie con una pérdida excepcional entre siembra y cosecha; 2025 mejoró la conversión, pero sobre una base mucho menor.
Rendimiento y productividad por hectárea
El rendimiento nacional bajó de 6.20 toneladas por hectárea en 2023 a 5.66 en 2024 y 5.57 en 2025. La disminución acumulada de 10.1% no explica por sí sola la reducción productiva. Al interior del país existen contrastes amplios. En 2025 Baja California Sur alcanzó 7.50 toneladas por hectárea, aunque sobre una superficie de apenas 3.9 mil hectáreas. Entre los grandes productores, Sonora registró 6.83, Guanajuato 6.56, Baja California 6.44, Sinaloa 6.30, Chihuahua 5.99 y Michoacán 5.62 toneladas.
Guanajuato destaca nuevamente porque mejoró simultáneamente escala y rendimiento. Sonora, en contraste, mantuvo un rendimiento alto aun después de su fuerte contracción de superficie: pasó de 7.44 a 6.83 toneladas por hectárea. La pérdida del liderazgo sonorense se explica sobre todo por la reducción de hectáreas cosechadas, de 268 mil a 59.6 mil. Chihuahua también presenta una mejora respecto de 2023, al pasar de 5.38 a 5.99 toneladas, aunque su producción de 2025 quedó por debajo del máximo alcanzado en 2024.
En el ámbito municipal aparecen rendimientos particularmente competitivos. San Luis Río Colorado alcanzó 7.68 toneladas por hectárea en 2025; Etchojoa 7.26; Valle de Santiago 7.29; Abasolo 7.09; y Guaymas prácticamente 6.99. Estas zonas muestran que la alta productividad no está concentrada en una sola entidad.
Precios y valor de la producción
El precio promedio nacional siguió una trayectoria descendente: aproximadamente 8,010 pesos por tonelada en 2023, 6,380 en 2024 y 5,388 en 2025. La reducción acumulada fue de 32.7%. Al coincidir con menor volumen, el efecto sobre el valor total fue mucho más severo. El valor pasó de 27.84 mil millones de pesos en 2023 a 16.90 mil millones en 2024 y 9.26 mil millones en 2025. En solo dos años se perdieron cerca de dos terceras partes del valor generado.
En 2025, Guanajuato no solo encabezó la producción, también alcanzó el mayor valor estatal, con aproximadamente 2.22 mil millones de pesos, seguido muy de cerca por Sonora con 2.19 mil millones. Entre los productores de escala relevante, Michoacán presentó uno de los precios medios más altos, cercano a 5,989 pesos por tonelada, por encima de Guanajuato, Sonora, Sinaloa y Jalisco. Querétaro registró un precio todavía mayor, cercano a 6,978 pesos, pero sobre un volumen muy pequeño. Los diferenciales muestran que volumen, rendimiento y precio no avanzan necesariamente en la misma dirección.
La capital nacional del trigo
Si la capital se define por el liderazgo municipal acumulado durante el periodo, Cajeme, Sonora, conserva la posición central. Entre 2023 y 2025 produjo alrededor de 899 mil toneladas, por encima de Etchojoa, con 714 mil, y Mexicali, con 665 mil. Cajeme fue además el municipio líder en 2023, con 451 mil toneladas, y en 2024, con 425 mil. Aportó 13.0% del trigo nacional en 2023 y 16.0% en 2024.
Pero el mapa cambió radicalmente en 2025. Mexicali se convirtió en el principal municipio productor con 195.7 mil toneladas y 11.4% del volumen nacional. Cajeme dejó de aparecer entre los mayores productores del año, reflejando la misma contracción que transformó la posición de Sonora. Ahome ocupó el segundo lugar con 116.9 mil toneladas, seguido de Huatabampo con 86.5 mil. Por ello, el periodo deja una doble lectura: Cajeme es la capital productiva del trienio por volumen acumulado y liderazgo previo, mientras Mexicali es la capital vigente en 2025. El relevo confirma que la transformación también ocurre a escala local.
Tendencias y desafíos del sector
La principal tendencia es una pérdida acelerada de escala productiva. La producción se redujo a la mitad en dos años y la superficie cosechada cayó casi en la misma proporción. El segundo rasgo es una redistribución del liderazgo. Sonora sigue siendo fundamental, pero dejó de ser el centro casi hegemónico que era en 2023 y 2024. Guanajuato emergió como el nuevo líder gracias a una combinación poco común en el periodo: más hectáreas, mayor rendimiento y mayor producción. Baja California, Sinaloa, Michoacán, Jalisco y Chihuahua completan un grupo de territorios que, en conjunto, adquiere mayor importancia en un mercado menos dependiente de un solo estado.
El tercer desafío es económico. La reducción del precio medio intensificó el efecto de la caída productiva y provocó que el valor del sector disminuyera 66.7%. En este contexto, las mejores oportunidades se concentran en regiones capaces de combinar rendimiento elevado, recuperación o expansión de superficie y una conversión eficiente de siembra a cosecha. Guanajuato representa el caso más claro de crecimiento competitivo. Baja California Sur muestra una productividad sobresaliente, aunque todavía en pequeña escala. Chihuahua conserva rendimientos altos y mayor peso relativo que en 2023. Jalisco, después de una fuerte caída en 2024, recuperó volumen en 2025, mientras Oaxaca, Durango y Zacatecas ganaron participación desde bases pequeñas.
La principal conclusión es que el trigo mexicano de 2025 es un sector más pequeño, menos concentrado en Sonora y con una nueva distribución de oportunidades. La recuperación del volumen nacional requeriría, de acuerdo con los patrones observados, algo más que mejoras marginales de rendimiento. El factor decisivo sería recomponer superficie productiva en territorios con rendimientos competitivos, sostener la eficiencia de los sistemas de riego y reducir las brechas entre superficie sembrada y cosechada. Al mismo tiempo, la caída de precios obliga a considerar la generación de valor como un reto independiente del volumen. El desempeño de Guanajuato y el relevo de Cajeme por Mexicali muestran que la competitividad puede cambiar con rapidez cuando se modifican simultáneamente superficie, productividad y peso regional.
Fuente de la información
Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025
