Sistemas de producción del cultivo de trigo

Sistemas de producción del cultivo de trigo

El trigo no se produce de una sola manera en México. Dependiendo de la región, el acceso a agua, el tipo de suelo y la disponibilidad de tecnología, los productores trabajan bajo esquemas que difieren tanto en costos como en rendimientos. Entender cuáles son esos sistemas y qué implica cada uno no es un ejercicio académico; es información operativa para cualquier profesional que necesite tomar decisiones con base en lo que realmente ocurre en campo.

En el ciclo agrícola 2024-2025, México destinó alrededor de 700,000 hectáreas al cultivo de trigo, con una distribución que refleja precisamente esa diversidad productiva. No todos los productores trabajan bajo las mismas condiciones ni con los mismos recursos, y eso determina en gran medida los resultados que se obtienen al final del ciclo.

El sistema de riego concentra la mayor producción

El sistema bajo riego representa la columna vertebral de la producción triguera mexicana. Sonora encabeza este esquema con rendimientos que en 2025 rondan los 6.5 a 7.2 toneladas por hectárea, cifras que lo posicionan entre los estados con mayor productividad a nivel mundial para este cultivo. En este sistema, el productor controla una variable crítica como el agua, lo que permite trabajar con variedades de alto potencial genético y aplicar paquetes tecnológicos más intensivos.

El ciclo en riego se maneja principalmente en otoño-invierno, con siembras que van de octubre a diciembre y cosechas que ocurren entre marzo y abril. Esta ventana permite aprovechar temperaturas más bajas durante el periodo de macollamiento y encañe, lo cual favorece el desarrollo del grano. El costo de producción en este esquema supera los 18,000 pesos por hectárea en promedio, impulsado principalmente por el agua, los fertilizantes y la maquinaria, aunque los rendimientos lo justifican económicamente cuando los precios de garantía o de mercado acompañan.

Guanajuato, Baja California y parte de Sinaloa también producen trigo bajo riego, aunque con superficies considerablemente menores que Sonora. En esas regiones, las condiciones edafoclimáticas para el cultivo del trigo en México varían lo suficiente como para que el manejo agronómico necesite ajustes específicos en fertilización y control de enfermedades.

El sistema de temporal opera con mayor incertidumbre

El sistema de temporal trabaja sin control sobre la disponibilidad hídrica, lo que obliga a una toma de decisiones diferente desde la selección de variedad hasta el momento de siembra. Las entidades donde este sistema predomina incluyen Tlaxcala, Puebla, Hidalgo, Estado de México y Michoacán, que históricamente han aportado entre 25-30% de la superficie sembrada nacional.

Los rendimientos en temporal están sujetos a la distribución de lluvias durante el ciclo primavera-verano, que es cuando opera este esquema. En años con buena distribución pluvial, los rendimientos oscilan entre 2.5 y 3.5 toneladas por hectárea. En años de sequía o lluvias erráticas, esa cifra puede caer a menos de 1.5 toneladas, lo que convierte al temporal en el sistema con mayor variabilidad productiva del sector.

Para trabajar en temporal sin comprometer toda la inversión, el manejo de las condiciones agroclimáticas y de suelo que afectan el rendimiento del trigo se convierte en una referencia indispensable antes de definir fechas de siembra y densidades de población. La elección de variedades tolerantes a sequía o con ciclos más cortos puede marcar la diferencia entre recuperar costos y perder la inversión.

Tecnificación y adopción de insumos según el sistema

La brecha tecnológica entre ambos sistemas es significativa y tiene consecuencias directas sobre la rentabilidad. En el sistema de riego, la adopción de semilla certificada supera el 80% de la superficie, se aplican programas de fertilización fraccionada con base en análisis de suelo y se utilizan fungicidas de manera preventiva y curativa según el monitoreo de enfermedades foliares como la roya amarilla y la roya de la hoja.

En temporal, el uso de semilla certificada es considerablemente menor. Una parte importante de los productores trabaja con semilla de su propia cosecha, lo que impacta en la uniformidad del cultivo y en la respuesta a las condiciones del año. La fertilización también tiende a ser menos intensiva, en parte por los costos y en parte porque sin agua garantizada, una alta disponibilidad de nitrógeno puede generar encamado sin traducirse necesariamente en mayor rendimiento.

El manejo agronómico del trigo desde la preparación del suelo hasta la cosecha tiene que adaptarse a este contexto, porque las recomendaciones técnicas no son intercambiables entre un sistema y otro. Lo que funciona en el Valle del Yaqui bajo riego tecnificado puede ser contraproducente en un temporal de laderas en Tlaxcala.

La producción en áreas de riego suplementario

Existe un tercer esquema que no siempre recibe la misma atención, pero que opera en zonas donde el productor cuenta con acceso parcial a agua de riego para complementar las lluvias. Este sistema de riego suplementario se encuentra principalmente en regiones de Guanajuato y Jalisco, donde pozos o sistemas de almacenamiento permiten dar uno o dos riegos de apoyo durante el ciclo.

Los rendimientos en riego suplementario se ubican generalmente entre 3.5 y 5 toneladas por hectárea, dependiendo de la disponibilidad hídrica durante el llenado de grano. Este esquema permite mayor control que el temporal puro, pero no alcanza la estabilidad del riego pleno, por lo que el productor gestiona una incertidumbre intermedia tanto en producción como en costos.

Perspectivas para el ciclo 2025-2026

Para el ciclo 2025-2026, las proyecciones del mercado nacional apuntan a una demanda interna de trigo harinero que supera los 5 millones de toneladas anuales, con una producción nacional que históricamente cubre entre 40-50 % de esa necesidad. Eso mantiene al trigo importado, principalmente de Estados Unidos y Canadá, como un componente estructural del abasto, sin que la producción nacional logre cerrar esa brecha en el corto plazo.

En ese contexto, los sistemas de producción bajo riego tienen mayor relevancia para la seguridad alimentaria nacional, porque son los que generan rendimientos consistentes y de calidad panadera competitiva. El temporal aporta volumen en años favorables, pero su contribución varía demasiado como para ser la base del abasto. Comprender cómo opera cada sistema es el punto de partida para cualquier decisión técnica, comercial o de política que involucre al trigo en México.

Fuentes

Hernández Hernández, M. L. (2006). La red de trigo del Valle del Yaqui, Sonora: estrategia de comercialización [Tesis de maestría, El Colegio de la Frontera Norte].

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