Retos y oportunidades del cultivo de trigo

El trigo en México opera bajo una presión constante que pocas personas fuera del sector dimensionan con precisión. No es solo la variabilidad climática ni el costo de los insumos; es la combinación de factores estructurales que se acumulan ciclo tras ciclo y que exigen respuestas técnicas, no improvisaciones. Entender qué está frenando la producción y qué ventanas reales existen para mejorarla es el punto de partida para tomar decisiones con fundamento.
México produce alrededor de 3.3 millones de toneladas de trigo al año, una cifra que cubre aproximadamente el 40% de la demanda nacional. El restante 60% se importa, principalmente desde Estados Unidos y Canadá. Esa brecha no es nueva, pero tampoco ha dejado de ser un problema. La superficie sembrada se mantiene concentrada en Sonora, que aporta cerca del 55% de la producción total del país, lo que genera una dependencia geográfica que amplifica el impacto de cualquier evento climático o hídrico en esa región.
La disponibilidad de agua define cada temporada
El sistema de producción de trigo en México depende en gran medida del riego. Sonora opera bajo un esquema de trigo de invierno con riego por gravedad y presurizado, donde la disponibilidad de agua en los distritos de riego del Valle del Yaqui y el Valle del Mayo es determinante para el volumen de siembra. En los últimos años, las presas que abastecen estos distritos han presentado niveles de almacenamiento bajos, lo que ha obligado a reducir la superficie habilitada para siembra en más de un ciclo.
Esto no es un problema exclusivo de Sonora. En Baja California y Guanajuato, donde también se produce trigo, la sobreexplotación de acuíferos presiona cada vez más la viabilidad del cultivo a largo plazo. La productividad por hectárea en zonas de riego puede superar las seis toneladas bajo condiciones óptimas, pero esa cifra cae de forma significativa cuando el agua escasea o llega fuera del momento crítico del cultivo.
El costo de producción sigue sin tener margen
El precio de los insumos agrícolas, en particular fertilizantes y agroquímicos, se mantuvo elevado durante 2023 y 2024, y los ajustes en 2025 no han sido suficientes para recuperar el margen que los productores necesitan. El nitrógeno sigue siendo el insumo de mayor peso en el costo variable del trigo, y su precio está atado a los mercados internacionales de gas natural, lo que lo coloca fuera del control del productor individual.
En este contexto, los aspectos económicos del cultivo de trigo en México muestran que la rentabilidad del cultivo depende cada vez más de los precios de garantía o de contratos previos con la industria harinera, porque producir para vender en el mercado spot sin cobertura es una apuesta que no siempre cierra con números positivos. Los productores que han logrado estabilidad son, en general, aquellos que consolidaron relaciones directas con molinos o que participan en esquemas de agricultura por contrato.
Las variedades mejoradas abren una ventana concreta
Uno de los avances más sólidos en los últimos años tiene que ver con el desarrollo de variedades de trigo con mayor tolerancia a sequía, resistencia a enfermedades foliares y mejor perfil de calidad industrial. El CIMMYT y el INIFAP han trabajado en líneas que combinan rendimiento con resistencia a roya amarilla (Puccinia striiformis), una enfermedad que ha causado pérdidas considerables en ciclos recientes cuando las condiciones climáticas favorecen su desarrollo.
Las investigaciones científicas sobre el cultivo de trigo que se realizan tanto en México como en colaboración con centros internacionales apuntan a variedades con ciclos más cortos, que permiten escapar de las heladas tardías y reducir el requerimiento hídrico en las etapas finales del cultivo. La adopción de estas variedades en campo sigue siendo el cuello de botella: el proceso de validación regional, multiplicación de semilla y llegada al productor final tarda varios años, lo que hace que el beneficio técnico llegue con retraso respecto al momento en que se necesita.
La sanidad vegetal exige monitoreo permanente
La roya del tallo y la roya amarilla son las amenazas sanitarias más relevantes para el trigo mexicano. La roya del tallo en su raza Ug99, aunque aún no está establecida en México, representa un riesgo latente dado su potencial destructivo en variedades sin resistencia específica. Las condiciones de temperatura y humedad relativa en algunas zonas productoras crean ambientes propicios para el desarrollo de estas enfermedades durante ciertos periodos del ciclo.
El manejo integrado requiere combinar variedades con resistencia genética, monitoreo periódico del cultivo y aplicación oportuna de fungicidas sistémicos cuando la presión de enfermedad supera los umbrales económicos. La decisión de cuándo y qué aplicar no puede tomarse con base en calendarios fijos; depende de la evaluación visual del lote, del historial de la zona y del pronóstico climático para los siguientes días. Aplazar el monitoreo por una semana en condiciones de alta humedad puede implicar perder el momento de intervención efectiva.
El manejo del suelo también entra en esta ecuación. Lotes con compactación profunda o con déficit de materia orgánica limitan el desarrollo radicular y reducen la capacidad del cultivo de tolerar el estrés hídrico y nutricional. La preparación del terreno y la rotación con leguminosas son prácticas que no generan beneficio inmediato visible, pero que acumulan capital agronómico que se traduce en rendimientos más estables en el mediano plazo.
La trazabilidad abre mercados que el granel no alcanza
Existe una oportunidad concreta para productores que puedan documentar sus prácticas de manejo y demostrar el origen y calidad de su grano. La industria de panificación artesanal, la demanda de harinas con trazabilidad y los mercados de exportación a nichos específicos están dispuestos a pagar una prima sobre el precio convencional cuando el productor puede sostener esa información con evidencia verificable.
Esto implica registrar las variedades utilizadas, los insumos aplicados, las fechas de siembra y cosecha, y los resultados de calidad industrial del grano (proteína, gluten, falling number). No es un proceso que requiera tecnología sofisticada, pero sí disciplina operativa y continuidad. Los productores que transitan hacia este esquema encuentran en el panorama general del cultivo de trigo en México un punto de entrada para comprender dónde se ubican dentro de la cadena de valor y qué condiciones del mercado pueden aprovechar desde su escala de operación.
El trigo mexicano tiene espacio para crecer en rendimiento, en calidad y en diversificación de canales de comercialización. Las condiciones estructurales son exigentes, pero los productores con información técnica actualizada y acceso a variedades adecuadas están en posición de tomar decisiones que mejoren su posición competitiva dentro de un sector que sigue siendo estratégico para la seguridad alimentaria del país.
Fuentes
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