La rentabilidad del trigo mexicano no puede evaluarse mirando únicamente cuántas toneladas salen de una hectárea. El indicador decisivo es cuánto cuesta producir cada tonelada y cuánto queda después de comercializarla. En el ciclo otoño-invierno 2025/26, los Agrocostos de FIRA muestran diferencias regionales importantes. Con financiamiento incluido, el costo estimado por tonelada fue de aproximadamente $4,693 en Sinaloa, $4,952 en Sonora, $5,173 en Baja California, $5,952 en Baja California Sur y $6,042 en Chihuahua.
La rentabilidad empieza en el costo por tonelada
La dispersión cambia el negocio. Dos productores pueden obtener rendimientos razonables y terminar con resultados financieros opuestos porque utilizan distinta cantidad de agua, fertilizante, maquinaria, crédito o servicios contratados. Esto obliga a abandonar la lógica de “más toneladas es mejor” y trabajar con costo unitario.
Sinaloa permite dimensionar el problema. Para 2025/26, FIRA estimó un costo total de $28,160 por hectárea, rendimiento probable de 6.0 toneladas y precio probable de $5,220 por tonelada. El resultado era una utilidad de $3,160 por hectárea y una relación beneficio costo de 1.11. Había utilidad, pero con un margen estrecho que puede desaparecer ante menor rendimiento, mayores costos o descuentos comerciales.
Además, ese cálculo considera maquinaria y terreno propios. El mismo ejercicio señala una renta de referencia de $11,000 por hectárea. Para quien arrienda tierra, la economía cambia radicalmente. La utilidad operativa puede convertirse en pérdida cuando se incorpora el costo real de acceso a la tierra.
El precio de venta define cuánto margen puede sobrevivir
El segundo factor es el precio efectivo recibido. En 2026, el precio de referencia del trigo harinero del ciclo otoño-invierno 2025/26 en Sinaloa fue de $5,250 por tonelada. Frente a un costo unitario de $4,693, la diferencia es de solo $557 por tonelada antes de considerar costos no capturados, variaciones operativas o renta. Ese diferencial explica por qué un cultivo técnicamente eficiente puede ser financieramente frágil.
El trigo panificable tiene una protección que modifica el cálculo. Para el ciclo 2025/26, el programa federal estableció un precio de garantía de $7,050 por tonelada para productores medianos, con máximo apoyado de 140 toneladas, y $7,600 para pequeños productores de hasta ocho hectáreas, con máximo de 50 toneladas. Cuando el precio de referencia se ubica por debajo, el incentivo busca cubrir la diferencia dentro de los límites y requisitos.
Esto reduce el riesgo de precio, pero no convierte automáticamente al cultivo en un negocio atractivo. El productor necesita cumplir criterios de elegibilidad, formalizar la comercialización y entender que el respaldo tiene topes. Una unidad que vende más volumen que el cubierto no puede calcular su rentabilidad suponiendo que toda su cosecha recibirá el precio protegido.
El trigo cristalino enfrenta otra lógica. No tiene el mismo esquema fijo de precio garantizado. En 2026, el apoyo extraordinario anunciado para Sonora y Baja California alcanzó $430 por tonelada. Esa diferencia obliga a evaluar cada tipo de trigo como un negocio distinto.
La decisión depende del margen que queda después del riesgo
Antes de sembrar, el productor debería calcular tres variables. Primero, su costo total real por hectárea, incluyendo financiamiento, renta, agua, depreciación, seguro y comercialización. Segundo, su costo por tonelada bajo un rendimiento conservador. Tercero, el precio mínimo que necesita para cubrir costos y obtener una utilidad que justifique capital, tiempo y riesgo.
Los datos de FIRA muestran por qué el margen de seguridad es central. En Sinaloa, el punto de equilibrio estimado fue de 5.39 toneladas por hectárea con un rendimiento probable de 6.0. La distancia entre ambos es corta. Un problema de agua, nutrición, clima o sanidad puede absorberla. En regiones con costos unitarios superiores, la exposición aumenta si el precio comercial no compensa esa estructura.
También debe distinguirse rentabilidad contable de rentabilidad económica. Si el cálculo omite renta porque la tierra es propia, o depreciación porque la maquinaria ya fue pagada, puede mostrar flujo positivo sin remunerar adecuadamente los activos. Para saber si realmente conviene producir trigo, esos costos de oportunidad deben incorporarse.
La evidencia apunta a una conclusión menos cómoda que un promedio nacional. El trigo puede generar utilidad cuando combina costo unitario bajo, rendimiento estable, acceso eficiente al agua, disciplina financiera y un precio comercial o apoyo que deje margen suficiente. Sin esas condiciones, el productor puede trabajar todo el ciclo para obtener una rentabilidad mínima o negativa. Por tanto, producir trigo en México sí puede ser rentable, pero hoy es una actividad de margen estrecho cuya viabilidad depende mucho más de la eficiencia por tonelada y de la estrategia comercial que de sembrar por tradición.


